Bienvenid@ a mi sueño.

Los sueños nunca mueren. Muren los que no son sueños, mueren los que quieren morir.

13.5.24

Entre veintisiete y setenta y dos.


Escuche que el hombre muere a los veintisiete,
Pero que lo entierran a los setenta y dos.
Confirmo de hecho lo que ese dicho promete,
Porque aun respiro y ya tuve que decir adiós.

No hay color, no hay olor, no hay sabor,
No hay risas, no hay ni la más pequeña pista
Que me lleve a dejar de sentir el dolor
Del silencio que siempre me ve y chista:

“¿Quieres volver a vivir? ¿Quieres colores,
Olores y sabores? ¿Qué hay de los dolores,
De las dudas y de los malos pormenores?
¿Quieres volver a vivir entre los ofensores?”
Me grita el silencio que solo hay en mi cabeza,
Que me rompe el alma y me malversa.

“¿Qué sabes del dolor tú, maldito silencio?
¿Qué sabes de vivir cuando no hay motivo?
Por tus palabras es que ahora te sentencio
A no existir mientras me lleno de ruido.”
Le grite al silencio que no puedo aguantar,
Al mismo que se me hace difícil respetar.

Primera vez que el silencio hace honor a su nombre,
Primera vez que el silencio desaparece cuando le grito.
Primera vez que recuerdo que realmente estoy muerto.
Primera vez que cuestiono donde están mis expresiones.
Se hace oscuro mientras me doy cuenta del vaticinio:
Estoy realmente muerto porque ya no me conecto.

A los setenta y dos me deberían enterrar,
Pero ni yo sé si habrá algo que sepultar.
El silencio me tomará de la mano y llevará
A la oscuridad que también creará. 

Ahora grito y el silencio no está.
Mi sentencia realmente se hizo realidad,
Me he condenado a vivir una eternidad
Muerto y en completa soledad. 


1 comentario:

Creative Commons License
Estas obras son propiedad de Daniel Parra Carrillo y es publicada bajo una licencia Creative Commons.